#1. Introducción curso BLW

Esta es la clase introductoria donde veremos qué aspectos específicos trabajaremos en cada clase y cómo la estructuramos. El objetivo principal de este curso es que aprendas a practicar BLW de forma segura y siempre garantizando el aporte nutricional adecuado para el bebé. Finalmente veremos una pequeña introducción sobre cómo han cambiado y evolucionado las tendencias y edades en cuanto a alimentación complementaria.

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Contenido

  • Introducción

    presentación, duración y metodología, objetivos, índice, pequeña presentación de qué es el BLW

  • ¿Qué es BLW?

    • Desarrollo y evolución
    • Lactancia materna y BLW
    • Variaciones del método
  • Cómo practicarlo

    • Cuando iniciar el BLW
    • Como saber si está preparado
    • Por qué no iniciar antes
    • ¿Apto para todos?
    • Lo que debes y no debes hace
  • Empezamos

    • Preparación de los alimentos
    • Alimentos a evitar
    • Condiciones externas y ambientales
    • Momento en que practicarlo: sueño, hambre, horarios
  • BLW y alergias

    • Huevo
    • Yogur y quesos
    • Cereales con gluten
    • Frutos secos
    • Vegetarianismo
  • Ventajas e inconvenientes

    • Beneficios
    • Lo que la evidencia dice
  • ¿Y si se ahoga?

    • Maniobra Heimlich
    • Consejos para practicarlo de forma segura
  • Problemas más frecuentes

    • Estancamiento del peso
    • Noches de insomnio
    • Llantos, enfados y frustraciones
    • Temores y miedos de atragantamiento
  • Zumos, potitos y cereales para niños

    • Pueden/deben tomarlos?
    • Purés caseros
  • Particularidades a los 6, 9 y 12 meses. Recetas

    • Particularidades a los 6 meses
    • Particularidades a los 9 meses
    • Particularidades a los 12 meses

Introducción

Existe un intervalo en el que lactancia y alimentación conviven. En esa etapa, como mínimo hasta cumplir el año, deberemos considerar la lactancia como fuente principal de nutrientes y la alimentación como complemento en lugar de al contrario, como ocurre muchas veces. Dicho de otra forma, conviene priorizar la lactancia sobre el resto de la alimentación.

Así pues, como bien indica su nombre, entendemos como alimentación complementaria todos aquellos alimentos que complementan la lactancia materna o artificial. La alimentación complementaria ha sufrido grandes cambios a lo largo de la historia en cuanto a los alimentos y a la forma de presentarlos, pero sobre todo en cuanto al momento de iniciación. Podemos ver buena prueba de ello si nos fijamos en la evolución más cercana a nuestro tiempo:

A principios del siglo XX, la introducción de la alimentación complementaria no comenzaba hasta los 8 o 9 meses, tiempo durante el que la lactancia era habitualmente la única fuente de alimentación del bebé. Si bien es cierto que en ocasiones ofrecían durante ese periodo algunos sólidos como trozos de pan o huesos lisos, esto no se hacía con fines nutricionales si no para fortalecer la musculatura de la boca o ayudar con los dolores de la dentición.

Llegada la década de los 60, época en que además surgían diversas opiniones y tendencias acerca del tipo (y horarios) de lactancia que más convenía al bebé, se llegó a pensar que entre los 2 y 4 meses sucedía que la leche ofrecida por la madre ya no era suficiente para cubrir las crecientes necesidades del pequeño/a (hecho desmentido hoy en día por la OMS, que recomienda la lactancia prolongada debido a sus muchos beneficios). Fue en ese mismo período cuando se reconoció la necesidad y ventajas de que los niños, cumplidos los 6 meses, practicaran con alimentación sólida. Sin embargo, la convicción social de que era imprescindible que los niños se acostumbraran previamente a la comida, hacía que se iniciara la alimentación con papillas varios meses antes.

Todo ello, unido a la tendencia social a relacionar el peso con la salud del bebé, que extendía la creencia de que cuanto más rollizo más sano estaba, hace que por entonces la alimentación complementaria comenzara bien temprano, sobre los 2-3 meses de edad.

Llegada la década de los 90, las recomendaciones oficiales se manifestaron a favor de no comenzar con la alimentación complementaria hasta los 4 meses y no fue hasta 2003 cuando dichas recomendaciones se actualizaron, aconsejando la lactancia materna exclusiva o en su defecto, artificial, hasta pasados como mínimo los 6 meses. Dicha recomendación sigue en vigor hoy en día, a pesar de que con motivo de las obsoletas recomendaciones y la permisión legal de ello, en numerosos productos infantiles que ofrece nuestro mercado actual (España) se pueden leer las etiquetas “A partir de 4 meses”, algo que lamentablemente desorienta y desconcierta a los responsables de la alimentación de los más pequeños.

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