Episodio 221. Semillas y aceites.

Las semillas son uno de los sistemas que tienen las plantas para reproducirse, contienen un embrión, que en circunstancias favorables puede dar lugar a una nueva planta. En algunos casos también las llamamos “pepitas”, como sucede con las de uva o melón, o “pipas” como hacemos con las de girasol o las de calabaza.

Las semillas son muy consumidas en todo el mundo, y tienen un aporte interesante de nutrientes. Son sobre todo ricas en grasa, y muchas de ellas tienen también un aporte proteico reseñable, como sucede con las de cáñamo y las de calabaza que contienen alrededor de un 25% de proteínas o las de chía con un 16%. Todas ellas son además proteínas completas.

En cuanto al aporte de ácidos grasos, destacamos las semillas de lino por su elevado aporte en omega3, uno de los más altos que podemos encontrar en los alimentos vegetales.

Casi todas son también fuente de hierro, y algunas como las de sésamo son muy ricas en calcio. Suelen aportar también cantidades reseñables de zinc y selenio.

Sin embargo, hay que tener en cuenta la ración de consumo. Siendo un producto del que solemos comer una cantidad pequeña, su aporte no es muy significativo en el global de la dieta, pero si las consumimos a diario sí que pueden resultar un buen complemento al resto de una alimentación saludable.

Aceites de semillas
Hemos comentado que las semillas son ricas en grasa, esto las convierte en un ingrediente muy usado en la fabricación de aceites vegetales. En general hablamos de aceites refinados en los que se ha perdido la matriz del alimento, su fibra y otros compuestos no están presentes y no podemos equipararlo en modo alguno a las semillas enteras. Sólo nos hemos quedado con la fracción grasa, refinándola además. Son en general aceites poco recomendables y con un efecto pro-inflamatorio por su elevado contenido en w6.

En todo caso, si tuviéramos que recomendar algún aceite de semillas, sería el de girasol alto oleico. O el de sésamo en crudo para dar sabor, así como el de lino, también en crudo, si queremos aprovechar su contenido en W3. Pero siempre de manera puntual y nunca sustituyendo al AOVE.

Aceite de coco
Es saludable pese a la mala fama que tiene por sus grasas saturadas, aunque se ha visto que estas son beneficiosas para el organismo.

Aceite de colza
Es totalmente apto para el consumo humano. Miles de millones de consumidores que lo toman a diario, y varias veces, pueden dar fe. A lo mejor tú mismo podrías ser una prueba viviente y saludable de ello. El aceite de colza se utiliza en infinidad de productos preparados desde hace varias décadas: de hecho es el tercer aceite vegetal más consumido en el mundo. Solo en España su nombre ha quedado proscrito, ya que su mera mención traía -y trae aún, de manera injustificada- aterradoras consecuencias al imaginario colectivo.

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