Episodio 378. Intolerancia a la fructosa.

Esta intolerancia también conocida como malabsorción a la fructosa, se produce cuando hay un error en la acción de la enzima encargada de degradarla, dificultando a las células intestinales su absorción. Esta dependerá de la cantidad y concentración ingerida y se deberá valorar individualmente ya que su capacidad de absorción varia en cada persona.

Al llegar la fructosa no digerida al intestino, ésta reacciona con las bacterias intestinales fermentándose, produciendo gases y molestias gastrointestinales, como dolor abdominal, diarreas o náuseas. Aún así, la mayoría de personas con este tipo de intolerancia, pueden soportar pequeñas cantidades de fruta sin aparecer síntomas.

Es necesaria la realización del test de hidrógeno espirado o test del aliento, el cual se realiza en ayunas por tal de valorar la cantidad de hidrogeno que se expira tras la administración de fructosa. En una persona con malabsorción a la fructosa, las bacterias intestinales no tienen la capacidad de descomponer este azúcar liberando hidrógeno. Con lo cuál, con el test, podemos afirmar que existe intolerancia cuando es positivo en hidrógeno.

Cuando se padece de malabsorción a este azúcar, el primer objetivo es lidiar con la sintomatología, reduciendo su ingesta hasta unos niveles donde desaparezcan los síntomas.

Los alimentos peor tolerados son aquellos con cantidad superior de fructosa que de glucosa, así como alimentos ricos en fructosa y sorbitol. Las frutas con un contenido similar de fructosa y glucosa (o con una relación de fructosa/glucosa baja) y bajo contenido en sorbitol, se suelen tolerar bien. Las frutas menos maduras se suelen tolerar mejor, dado a su inferior contenido en azúcares.

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