Lactancia materna. Pros y ¿contras?

Todos conocemos los beneficios de la lactancia materna, pero ¿tiene también sus consecuencias?


Con motivo de la noticia publicada por el ABC, sobre la retirada en España de varios lotes de Puleva Bebé, Damira y Sanutri tras los casos de salmonela en Francia, he decidido escribir hoy sobre la lactancia materna, ya que todos los niños amamantados están fuera de correr este peligro.

La lactancia materna

Mi hijo Aleix, comiendo.

La lactancia materna es una elección que solo la madre puede decidir. Se trata de alimentar al bebé a través de la leche producida por el cuerpo una vez se ha parido y que es secretada por los senos.

Según la OMS, la lactancia materna es la forma ideal de aportar a los niños pequeños los nutrientes que necesitan para un crecimiento y desarrollo saludables. Prácticamente todas las mujeres pueden amamantar, siempre que dispongan de buena información y del apoyo de su familia y del sistema de atención de salud.

La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva durante seis meses, la introducción de alimentos apropiados para la edad y seguros a partir de entonces, y el mantenimiento de la lactancia materna hasta los 2 años o más. 

Es importante resaltar esta última parte, la del mantenimiento, ya que muchos se quedan solo con eso de «lactancia materna exclusiva durante 6 meses». Pero si leemos bien la frase habla de lactancia EXCLUSIVA por eso pauta únicamente hasta los 6 meses, porque hace referencia a que el bebé no consuma otro alimento más que leche de su madre. No obstante, si seguimos leyendo, vemos que está recomendada hasta los 2 años o más.

Pero, ¿qué ocurre si la mamá decide no dar el pecho? Ahora lo veremos.

Los pros de la lactancia materna

Lactancia materna

Son numerosos los beneficios de la lactancia materna, tanto para el bebé como para la mamá, el medio ambiente y la sociedad. Entre ellos se encuentran que el bebé recibe una alimentación completa asegurando las necesidades nutricionales, ofrece protección frente a diferentes patologías e infecciones (gastrointestinales, de oído, respiratorias, renales, asma, alergia…) y reduce el riesgo de padecer muchas otras (síndrome de muerte súbita del lactante, linfomas, enfermedad de Crohn, enterocolitis, enfermedades cardíacas, deficiencias nutricionales, artritis, hernias…).

Para la mamá, ayuda a una mejor recuperación post-parto (recuperación más temprana de la figura, contracción del útero, menor riesgo de depresión post-parto…), reduce el riesgo de padecer ciertos cánceres como el de mama y ovario, anemia, ofrece protección contra la osteoporosis y fracturas óseas, y simplemente tener la satisfacción y el regalo de poder ver a tu hijo comer de ti, ver cómo te sonríe mientras come. 

Para el medio ambiente y la sociedad, reduce el coste de la asistencia sanitaria mediante la promoción de salud de los niños y las madres, reduce de la carga fiscal sobre las comunidades y los gobiernos, la contaminación ambiental, es asequible para todo el mundo, por lo que contribuye a la reducción de la pobreza, es más fácil a la hora de viajar, todo lo que necesitas es tener los pañales, la leche  siempre está disponible, es un recurso renovable, no requiere tratamiento térmico, no requiere un gasto energético excesivo (solo 500 calorías al día), no existe el riesgo de contaminación externa, no contamina el medio ambiente, ya que no utiliza energía en su producción ni transporte y  no necesita utensilios para ser consumida, entre otras.

Los ¿contras? De la lactancia materna

Dados todos los pros y beneficios de la lactancia materna, ¿podría esta tener contras o consecuencias? Antes preguntaba qué pasa cuando una mamá decide no dar el pecho, es hora de conocer la respuesta.

Si tú eres una de esas mujeres, que por el motivo que sea, sea cual sea, decidiste o has decidido no dar el pecho a tu bebé seguro que en algún momento te has sentido juzgada. Estoy convencida de que en algún momento alguien te ha señalado con el dedo y te ha hecho sentir «mala madre».

Bien, esta es para mí la principal de las consecuencias de la lactancia materna, que está tan valorada y tiene tantos beneficios que hacen juicio de aquellas personas que quizá no es que no quieran sino que no han podido dar el pecho o no se lo han facilitado. Si bien es cierto que toda mujer puede amamantar (eso de «a mí no me subió la leche» es un mito), es decisión de la mujer amamantar o no.

Puede haber motivos de peso como que los recién nacidos hayan necesitado soporte y asistencia de emergencia, que la mujer haya tenido tales grietas que el dolor le fuera insoportable o simplemente que no quiera dar el pecho. Sea cual sea el motivo, debe ser igualmente respetado y en ningún caso juzgado. 

Así que para apoyar a esas madres que no son lactantes, y por qué todos hablan de lo bonito que es, pero nadie de lo difícil que es, quiero, desde mis propias experiencias, plasmar aquí algunos contras de la lactancia materna.

Antes de ello, quiero que quede bien claro que yo soy pro-lactancia y siempre recomendaré, animaré y apoyaré la lactancia materna. No obstante, debo ser objetiva y creo desde mi humilde punto de vista que también tiene sus contras (aunque estén compensados por los pros).

  1. Sientes una gran responsabilidad. Eres el alimento de tu hijo, y va a depender de ti el que esté o no bien alimentado. Nadie nos enseña a ser padres y mucho menos a amamantar. Si tienes suerte, puedes sentirte muy arropada y apoyada en el hospital, si no es probable que te decantes por dejarlo. Sea como sea, hay una pregunta constantemente en tu cabeza, desde incluso antes de parir: ¿sabré hacerlo, y bien?.
  2. Sufres, emocional y físicamente. Dar el pecho lleva a una situación hormonal y en consecuencia emocional tal que tan pronto estás con una sonrisa como cayendo una lágrima. Además físicamente es muy doloroso (aunque solo los primeros días), ya que los pezones sufren mucho, por la adaptación del cuerpo y del bebé a ellos. Sufren mucho más si aparecen las comunes grietas del pezón.
  3. Te sientes atada. Tienes (a veces) la sensación de estar unida para siempre con el bebé, y aunque eso es maravilloso porque es tu hijo, a veces hace que no disfrutes de poder salir un día sin él, ya no por ti, sino porque ya nunca desaparecerá de tu mente. Te necesita, necesita de ti y de su alimento y tienes que estar ahí siempre para ofrecérselo (si es cierto que podemos sacarnos leche, pero no todos disponen de los recursos).
  4. Te falta tiempo. Tanto para dar el pecho como para sacarte leche, se requiere tiempo. Sí que es cierto que puedes hacer cosas mientras amamantas, pero depende de cuáles no (limpiar, recoger, ir al baño, ducharte…). Si ya has finalizado la baja por maternidad (que en cualquier caso es insuficiente), más todavía.
  5. Es estresante e incluso agobiante. El hecho de que tu bebé te necesite 24 h, ya no solo para comer sino porque eres su madre, puede llevarte a estrés y agobio, de ver que quieres hacer cosas, trabajos, ocio… pero no puedes porque él te necesita.
  6. Puedes ser juzgada y señalada. De igual modo que te señalan cuando decides no dar el pecho, lo hacen cuando sí que lo das, pero tu hijo tiene un año o más. El ver a un bebé grande siendo amamantado puede llevarte a tener que aguantar comentarios como «tan grande y aún con pecho», «quítale ya la teta, eso es vicio», «va a tener 18 y todavía estará enganchado a ti» o cualquier otro comentario impertinente. Pero, a palabras necias, oídos sordos.
  7. Pueden hacerte sentir violenta. La lactancia a demanda implica tener que dar el pecho cuando y donde el bebé lo pide por lo que muchas veces nos toca «sacarnos una teta» es espacios públicos. Eso lleva a miradas, comentarios y demás muestras que hacen que una se sienta violenta. Me viene al dedillo esta noticia tan triste que leía hace horas, sobre una mujer que fue expulsada de un avión por negarse a dejar de amamantar a su hijo.
  8. Tus pechos nunca volverán a ser los mismos. Dar el pecho hace que la estética de tus pechos, una vez finalizado el amamantamiento, no sea la más favorable. Debemos consolarnos con eso de que las cicatrices nos hacen bellos.
  9. Necesitas un saca-leches. No estrictamente, pero es muy útil, sobre todo si quieres continuar amamantando en la vuelta al trabajo o sentirte un poco más «libre». Así que debes hacer una inversión de mínimo 100 € (a no ser que compres uno de segunda mano o uno manual).
  10. Dolores de espalda. Según dónde, cómo y cuando le des el pecho, puedes (y sueles) acabar con importantes dolores de espalda.
  11. ¡Me olvidaba! La ropa. Estás limitada a llevar ropa que te permita sacarte un pecho en cualquier momento, por lo que o bien compras ropa nueva (otro gasto) o te limitas a ponerte la mitad de tu armario en que puedas apañártelas para que tu pezón asome entre las capas de tela. Lo peor, es cuando es invierno. 

Para finalizar quiero volver a dejar claro que a pesar de estos contratiempos en los que puedes encontrarte, yo soy pro-lactancia, de hecho soy mujer lactante y siempre recomendaré y animaré a las mujeres a hacerlo. No obstante, nunca juzgaré a ninguna que tome la decisión contraria. Para estas últimas o para todas aquellas que tengan dudas o quieran profundizar en el tema les recomiendo el libro «Un regalo para toda la vida» de Carlos González. Yo lo leí y me ayudó muchísimo, porque como antes decía, nadie nos enseña a ser madres y mucho menos a amamantar.

María Merino Fernandez, nutricionista
María Merino Fernández
Diplomada en Nutrición y Dietética por la Universitat de Barcelona, Máster en Nutrición y Metabolismo por la Universitat Rovira i Virgili y Curso de extensión universitaria en Nutrición deportiva por la Universitat de Barcelona.

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