769. Flora bacteriana, probióticos y prebióticos.

La flora bacteriana es el conjunto de microorganismos o bacterias que viven en nuestro intestino.

Nuestra flora está compuesta por 100 billones de bacterias siendo los lactobacilos y las bifidobacterias las predominantes (> 85%). El número de bacterias intestinales de nuestra flora es 10 veces mayor que el número de células de nuestro cuerpo. La gran mayoría de estas bacterias, aproximadamente el 95%, viven en el colon. Pudiendo alcanzar un peso de hasta 2 Kg, similar al peso.

Se distinguen tres funciones primarias de la microflora intestinal: a) funciones de nutrición y metabolismo, como resultado de la actividad bioquímica de la flora; b) funciones de protección, previniendo la invasión de microorganismos patógenos, y c) funciones tróficas sobre la proliferación y diferenciación del epitelio intestinal, y sobre el desarrollo y modulación del sistema inmunológico.

La alteración en nuestra flora intestinal puede ser un motivo del desarrollo de algunas enfermedades y de desórdenes intestinales como:
– Estreñimiento
– Diarrea
– Infecciones
– Debilidad del sistema inmune
– Diarrea del viajero
– Hinchazón de estómago
– Gases
– Síntomas de alergia

El mantenimiento de la flora intestinal depende de una alimentación adecuada y un estilo de vida sano. Además, la incorporación de probióticos y prebióticos a tus hábitos de vida es una medida de prevención que ayuda a mejorar, restaurar y mantener la composición de nuestra flora intestinal. Los probióticos los encontarás en alimentos fermentados como el yogur, kéfir, tempeh, natto, kombucha o chukrut. Y los prebióticos no son más que fibra.

Hay que hacer mención especial al almidón resistente, el almidón resistente es la porción de almidón de los alimentos que resiste la digestión por parte de la amilasa pancreática humana y de esta manera llega intacto al colon. El almidón resistente está presente en prácticamente todos los alimentos con almidón, pero en cantidades muy variables. Además, factores como el tamaño de los granos, la forma de cocinado o almacenamiento, determinan esa proporción de almidón resistente. Puedes crear almidón resistente si cocinas alimentos como la patata y luego dejas enfriarla en la nevera. Incluir almidón resistente en nuestra dieta nos ayudará a mantener una microbiota saludable, aumentar el consumo de fibra y sentirnos saciados. Además, cuando parte del almidón lo transformamos en resistente, diminuimos las calorías aprovechables de esos alimentos.

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